Un empresario de electrodomésticos afirma que “los precios no van a bajar, hemos vendido con rentabilidad negativa"

Un empresario de electrodomésticos afirma que “los precios no van a bajar, hemos vendido con rentabilidad negativa"

El presidente de Codini advirtió por la falta de competitividad y hasta recordó que existe una investigación por dumping de lavarropas chinos. Por el contexto económico, la empresa ha vendido hasta con márgenes negativos en 2025. La mirada empresarial sobre la reforma laboral.

Javier Codini es el actual presidente de la empresa de electrodomésticos Codini. Junto con sus hermanos, dirige la compañía con sede en San Francisco, Córdoba, y desde allí analiza las expectativas para 2026: “Este año será de acomodamiento en la cantidad de productos, en el portfolio, en lo que vamos a producir y en lo que vamos a importar”, entiende.

En el mejor de los casos, tal escenario podría surgir luego de un 2025 en el que Codini vendió incluso con rentabilidad negativa, debido a la caída del consumo, la competencia importada a menor precio, y la necesidad de cancelar créditos a tasas en torno al 80%, producto de los efectos de la política monetaria al segundo semestre.

El empresario también analiza la reforma laboral, tras haber recibido la aprobación de la Cámara de Diputados. Considera que generará una competencia en el mercado laboral, aunque destaca que la principal variable para la contratación de empleados es la demanda. “No estoy pensando en contratar a alguien para ver si después lo puedo despedir”, asegura el presidente de la marca que produce e importa lavarropas, secarropas, lavasecarropas, hornos y pavas eléctricas.

Periodista: ¿Cuál es el estado de situación de la actividad en su sector?

Javier Codini: La verdad es que, para darte una idea de cómo lo vemos nosotros, estamos en una etapa de total cambio. Yo lo grafico de esta manera: tenés un edificio que de golpe empezó a tener problemas de agua, de luz, de gas. Comenzamos a tener problemas estructurales. Entonces hay que hacer un edificio nuevo. Empezamos con los cimientos y volteamos el edificio viejo, pero mientras tanto, ¿dónde dormimos? Esa es la etapa que estamos viviendo. Nos cuesta muchísimo el traspaso para llegar a la nueva etapa.

El sector sufrió muchos cambios. Tuvimos un aluvión de importaciones, todo el mundo empezó a importar y empezamos a tener competidores que antes no teníamos. Los retailers también empezaron a tener competidores que no tenían. Las fábricas se transformaron en retailers, los retailers se transformaron en importadores. Terminamos compitiendo todos contra todos.

A todo esto, se sumó una cantidad importante de mercadería importada que generó un sobredimensionamiento del mercado. Lo que terminó pasando fue que hubo un sobrestock que tuvimos que tratar de liberar y que todavía sigue en el mercado.

P.: ¿De dónde provienen mayormente las importaciones?

J.C.: Normalmente son de China.

P.: ¿Los productos importados tienen una diferencia de precios significativa respecto a los que produce?

J.C.: Sí. Nosotros no hicimos directamente todo lo que deberíamos haber hecho en materia de impuestos y protecciones nacionales como para poder ser competitivos en el mercado. Directamente importamos, y entonces nos chocamos con estas dos realidades: el costo que nosotros teníamos que asumir para producir acá y el costo del producto que ya viene terminado desde China, sin otros impuestos, liberado.

P.: Es un sector que a mediados de 2024 creció gracias al crédito, pero la bonanza no duró más de un año. ¿Qué números manejan en ese sentido?

J.C.: El año pasado las ventas se mantuvieron en unidades. Ahora bien, los precios han bajado muchísimo. Por una cuestión de mercado tuvimos que vender al precio que se tenía que vender, independientemente de la rentabilidad, que cayó. Inclusive hemos vendido con rentabilidad negativa.

Todo esto se dio en un contexto en el que tuvimos que liberar stocks, porque esos stocks estaban apalancados con crédito. Si vos recordás, en agosto y septiembre las tasas llegaron a niveles muy altos, en algún momento a un 80% o incluso un poco más. Entonces, tenías mercadería comprada en el exterior o apalancada con crédito, pagando un 80%, mientras que al mismo tiempo reducías los precios de los productos. Era una combinación explosiva.

Esa gran cantidad de stock que nosotros pensamos para abastecer el mercado la pensó todo el mundo. Entonces había un sobrestock generalizado que había que liberar, porque era mucho más caro tener esa mercadería en stock pagando una tasa del 80% que liberarla incluso con rentabilidad negativa, para poder nivelar los niveles de stock que deberíamos tener.

P.: ¿De cuándo responde ese stock?

J.C.: De todo el año pasado. Todo lo que se compró en marzo llegó en agosto. Y en agosto, cuando llega, empezamos a pagar tasas muy altas. Entonces había que sí o sí liberar el stock.

Normalmente todo viene de China. Nosotros vamos a ferias en marzo o abril -más o menos en esa fecha se hace la Feria de Cantón- y en octubre se vuelve a realizar. En esos lapsos tratamos de cerrar negociaciones, si bien las cerramos en cualquier momento del año, pero es en esas fechas donde hacemos el mayor hincapié.

Cuando empezamos a traer la mercadería, empezamos a acumular stock y programamos el año. Una vez que hacemos eso, la mercadería no la podemos frenar.

P.: ¿Cuáles son las proyecciones de ventas para este año?

J.C.: Nosotros este año incorporamos muchos productos. Estamos planificando un crecimiento del 10% en facturación. Lo que nos sirve en este contexto es que nosotros, como viste en su momento, hacemos las tres cosas: importamos, ensamblamos y fabricamos. Hacemos las tres, de acuerdo con las condiciones económicas, políticas e impositivas.

Este año vamos a importar bienes de capital para seguir fabricando. Si a nosotros nos dan a elegir, al mismo precio, entre fabricar o importar, prefiero fabricar.

P.: ¿Importa más de lo que produce? ¿Ensambla más de lo que produce? ¿Cómo podría distribuir la proporción?

J.C.: Depende mucho del momento. Por ejemplo, nosotros hacemos los lavarropas semiautomáticos y las centrífugas de ropa 100% acá. Importamos insumos nada más, pero la fabricación es local.

En el caso de los lavarropas automáticos, algunos modelos los ensamblamos y otros modelos los compramos terminados. Las pavas eléctricas, por ejemplo, las ensamblamos. Los hornos eléctricos hacemos un mix entre fabricación y ensamblaje.

Vamos definiendo eso de acuerdo con cómo nos dan los costos y cómo el mercado puede absorber el producto. Ahora bien, en valor del ticket se importa más de lo que se fabrica, porque un semiautomático vale cuatro o cinco veces menos que un lavarropas automático. Entonces, en volumen fabricamos más, pero en facturación el peso de los productos importados es mayor.

P.: Uno podría pensar en competir contra América Latina o algunos países de Europa, pero competir contra China ¿es posible?

J.C.: Nosotros tenemos una barrera natural que es el volumen del producto. Trasladar el producto desde China a Argentina debería ser mucho más costoso que trasladarlo desde mi ciudad a cualquier parte del país. Esa barrera natural es la que nosotros aprovechamos.

Un lavarropas tiene un volumen muy grande, no entra mucha cantidad dentro de un contenedor. Eso es lo que tenemos a nuestro favor para poder fabricar en Argentina.

Ahora, si vos me decís “sos fabricante de celulares”, la verdad es que se me complicaría, porque pueden entrar muchísimos dentro de un contenedor y es otra dinámica completamente diferente.

P.: Lo que viene de afuera rompe la dinámica de muchas industrias o, por lo menos, obliga a repensar cómo seguir vendiendo. Pero también hay empresarios que admiten que, por lo menos hasta fines de 2023, los márgenes de rentabilidad eran altos y estábamos caros. ¿Hay algo para pensar ahí respecto de cómo se estaba dando la dinámica productiva previo a la asunción de este Gobierno y las políticas que empezó a aplicar?

J.C.: La rentabilidad de antes podía ser muy alta, pero tampoco la podíamos aprovechar del todo porque tampoco teníamos un acceso directo a las importaciones: nos costaba comprar insumos, todo estaba trabado.

Yo no estoy de acuerdo con tener el país totalmente cerrado, porque creo que eso atrasa: atrasa en calidad, atrasa en innovación y en un montón de cosas.

Y ahora estamos en el otro extremo, que es totalmente al revés: estamos importando todo, no importa si se produce o no se produce acá.

Argentina no es un mercado tan grande. Es un mercado relativamente chico y, por lo tanto, amortizar los moldes y todo lo que implica una fabricación lleva mucho tiempo. Ese plazo tan largo hace que el producto no cambie en el tiempo y termine siendo un producto viejo el que estamos vendiendo.

En ese sentido, me parece excelente la apertura porque vamos a tener innovación, nuevos productos, nuevos diseños y nueva tecnología. Pero creo que tiene que haber un equilibrio.

P.: ¿Cómo hace Codini, una empresa que por su actividad efectivamente es afectada por las importaciones, para poder sostener la nómina de trabajadores? ¿O también tuvo que ajustar?.

J.C.: Hoy por hoy no ajustamos nada. Lo que sí nos falta es una pata financiera. Hoy las tasas están todavía prohibitivas y no tenemos un contexto donde podamos lograr dinero fresco a una tasa razonable, ni una parte impositiva que nos deje competir con lo que entra de cualquier parte del mundo. Nos interesa poder competir en igualdad de condiciones.

P.: Al planteo de nivelar la cancha y desarrollar factores que den mayor competitividad, hay una respuesta por parte del Gobierno, que sostiene el proceso a la inversa: no es que primero hay que preparar la cancha para salir a competir, sino que hay que salir a competir y la eficiencia se va a ir dando con la cancha abierta...

J.C.: No sé si estoy de acuerdo con eso. A mí me parece que la búsqueda de competitividad ya fue. Yo creo que hoy los productos no van a bajar más, no tienen posibilidad de bajar.

Además, en nuestro caso, también estamos viendo un tema de dumping de lavarropas (la denuncia fue presentada en enero por la empresa Drean S.A.), porque entendemos que en el mercado chino se venden más caros que lo que están trayendo al mercado nacional. Entonces estamos en esa lucha y tratando de ver en todos los aspectos cómo podemos manejarnos.

P.: Retomo la dinámica local: ¿Qué diferencias hay entre el vínculo profesional que se genera en una pyme y el que puede darse en una multinacional?

J.C.: Nosotros somos una empresa familiar. Estamos dentro de una comunidad de 70.000 habitantes y tenemos 200 colaboradores que están con nosotros, con los que nos cruzamos todos los días en la calle. Y la verdad es que a mí eso me importa mucho, no pasa desapercibido. Entonces la diferencia es muy grande en ese sentido; el sentimiento es diferente. Ahora también te digo la otra parte: la nueva generación hace que la gente rote más. Los chicos más jóvenes se sienten incómodos más rápido y la rotación se da naturalmente.

P.: En el marco de la discusión sobre la reforma laboral, aparecieron diversos argumentos y visiones de empresarios. Entre otras cosas, se planteó que si los empresarios tienen mayores facilidades para despedir, entonces también tendrán mayores facilidades para contratar. ¿Entiende que es así?

J.C.: Yo entiendo que lo que se va a armar es una competencia en el mercado laboral. Quienes trabajen bien y tengan buen feeling con el trabajo van a ser más competitivos, va a ser más fácil que los tome una empresa. Y las personas que realmente generen problemas dentro de una empresa va a ser más fácil sacarlas.

Tampoco es lógico lo que pasa cuando un mal empleado queda dentro de una empresa y el empresario no lo puede solucionar porque tiene una carga muy grande para despedirlo, y tiene que pensarlo porque la empresa no tiene el dinero suficiente para hacerlo.

P.: ¿Considera que una indemnización eventualmente puede hacer quebrar una pyme?

J.C.: Sí, claro que sí. Una firma seguramente puede quebrar por eso.

Nosotros tuvimos casos de despidos con causa. Planteamos la indemnización que corresponde, y por más que sea con causa, el abogado de la otra parte te pide diez veces la cifra, que no sabemos de dónde la sacan. Una persona que tiene 20 años de antigüedad en una firma que tiene 10 empleados, si tuviese que despedirla, no le alcanzaría la plata para pagarle a los demás que siguen trabajando. Eso es lo que termina pasando.

Entonces la pyme no lo termina despidiendo, sigue teniendo problemas laborales, empieza a generarse un clima laboral muy malo dentro de la empresa y se complica todo.

P.: Si la reforma promueve la facilidad de contratación, ¿usted tomaría este factor como central para contratar?

J.C.: Yo miro mucho más lo que pasa con la dinámica de la demanda. No estoy pensando en contratar a alguien para ver si después lo puedo despedir. Tengo un empleado porque lo necesito para cubrir la demanda y trato de hacer todo mi esfuerzo para que esa persona trabaje conmigo, se desarrolle y pueda vivir de su sueldo.

No incorporo gente con la lógica de la reforma laboral. Entiendo que impacta en la dinámica de la empresa, pero no pienso cada incorporación bajo esa lógica. Pensamos mucho más en la demanda que en otra cosa.

Hoy la diferencia está sobre las cargas sociales, que bajarían alrededor de 12 puntos porcentuales. Yo lo pienso como un costo que nosotros podemos trasladar al producto.

P.: ¿Esa reducción de cargas sociales puede traducirse en un menor precio del producto?

J.C.: No creo que el precio vaya a bajar más. Estamos en un límite muy bajo. Para que te des una idea, en 2026 no tenemos pensado una rentabilidad alta. Al contrario, creo que va a ser muy baja, pero vamos a tratar de pasar todo el año para que todo esto se acomode.

Este año será de acomodamiento: en la cantidad de productos, en el portfolio, en lo que vamos a producir y en lo que vamos a importar. Y en 2027 vamos a tener las cosas mucho más claras para ir al mercado con otra diferenciación.

P.: ¿De la mano de un consumo, que todavía no está activo?

J.C.: Exactamente. El consumo todavía hoy no está muy activo.

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