Las estadísticas oficiales marcan cifras históricas, mientras las ventas en comercios muestran otra realidad. Cuál es la explicación técnica de este fenómeno
Según Spotorno, la metodología actual consiste en tomar esa diferencia, obtener valores nominales y luego deflactarlos mediante un deflactor de consumo. “Mi sospecha es que ese deflactor de consumo usa una canasta relativamente estable y, si tengo un shock de aumento de tarifas, de un día para el otro, no puedo reacomodar mi consumo de servicios rápidamente. En la canasta que me queda, cambié mucho la estructura de consumo de corto plazo, entonces lo que me queda que estoy deflactando con un deflactor que subestima el consumo de servicios”, agregó.
Dicho más claro: la sospecha es que el aumento de precio de los servicios hace crecer el valor del consumo privado, pese a que no se consuma más en términos de cantidades.
Hay otro punto. El especialista remarcó también que, aunque el consumo privado alcanzó cifras récord en términos agregados, esto no ocurre si la medición es per cápita. “Si bien es récord el consumo privado, no es récord si se lo mide per cápita”, puntualizó.
La importancia de observar el consumo per cápita surge de trabajos de organismos como el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) de la Fundación Mediterránea. Este enfoque permite analizar el consumo en función del crecimiento poblacional, brindando un termómetro más directo de la situación de los hogares. Según la serie oficial, el pico de consumo privado per cápita ocurrió en 2011. Los niveles de 2025 y 2026 se ubican aún 3,1% por debajo de aquel máximo, y también por debajo de los registros de 2012, 2013 y 2017.

