Para cerrar heridas” se denomina el bono colaboración que los veteranos lanzaron para reunir fondos y concretar el viaje. La travesía se iniciará el 20 de noviembre.
Después de 44 años, ocho veteranos de guerra de la Capital del Trabajo volverán a pisar las Islas Malvinas. El viaje está previsto para el 20 de noviembre, con regreso el 29, y tendrá para ellos un significado que va mucho más allá de una visita: regresar a los lugares donde combatieron, recorrer sus antiguas posiciones, visitar el Cementerio de Darwin y reencontrarse con los recuerdos de los camaradas que allí quedaron. “Para cerrar heridas” es el nombre del bono colaboración que los veteranos lanzaron para reunir fondos y concretar el viaje.
Roberto Mareco, integrante del grupo, lo definió como “el viaje de mi vida” y explicó que, después de tantos años, volver a Malvinas dejó de ser solamente un sueño para convertirse en una necesidad. “Los veteranos tenemos la idea de volver a Malvinas para cerrar nuestro ciclo de vida. Más que un sueño, yo lo llamo el viaje de mi vida”, expresó. El grupo que finalmente viajará está integrado por Darío Gogolín, Benito Benítez, José Donato Portillo, Asunción Duarte, Miguel Talavera, Roberto Mareco, Luis Kovalski y Miguel Cabral. El intendente de Eldorado, Rodrigo “Pipo” Durán, los acompañará durante el viaje.
La posibilidad de regresar comenzó a tomar forma a partir de una iniciativa del exalcalde Norberto Aguirre, quien planteó al jefe comunal la posibilidad de ayudar a los veteranos a concretar el viaje. A partir de allí, Durán convocó a Mareco y le pidió que consultara a los integrantes de la Asociación Civil Veteranos de Guerra de las Islas Malvinas de Eldorado para saber quiénes estaban dispuestos a emprender el regreso. La respuesta fue contundente: había ganas, había fuerza y sobre todo, había una historia pendiente de volver a mirar.
Pero ahora el regreso será completamente diferente. En 1982 tenían 18 o 19 años. Algunos ni siquiera sabían que iban a Malvinas hasta horas antes de partir. “Personalmente no sabía que iba a Malvinas. Me enteré una noche antes cuando estaba en el Regimiento 8 de Río Grande”, recordó. Esta vez saben exactamente adónde van. Para Mareco, el regreso tendrá una particularidad que atraviesa toda su historia de guerra. No solamente volverá al lugar donde combatió: volverá al punto de las islas donde terminó su participación directa en el conflicto y donde posteriormente cayó prisionero de guerra.
Contó que combatió en la zona de Monte Javier y que allí tenía su posición. Había dejado un pozo de zorro para luego trasladarse a otro lugar, donde construyó un pertrecho de piedras para ubicarse. El 11 de junio de 1982 cayó prisionero de guerra. Después de ese momento ya no regresó al pueblo de Malvinas. Fue trasladado a San Carlos y desde allí llevado al buque Canberra como prisionero. Por eso, volver a ese lugar después de 44 años significa para Mareco reencontrarse con una parte de su historia que quedó interrumpida aquel 11 de junio. “Volver a un lugar donde combatimos, donde cayeron nuestros camaradas, donde quedaron nuestros camaradas, tiene un significado enorme”, explicó.
Entre los recuerdos que llevará consigo estará el de un compañero que cayó durante la guerra y quedó en aquellos lugares donde combatieron. Mareco recordó especialmente a un soldado clase 62, de apellido Gómez, hermano de un suboficial que integraba la compañía comando.
Dentro del itinerario también está prevista la visita al Cementerio de Darwin. Para los ocho veteranos, será uno de los momentos más significativos del viaje: estar frente a las tumbas de los 649 soldados argentinos que quedaron en las islas.
El itinerario contempla siete días de recorrido por distintos lugares vinculados con la experiencia de cada uno de los veteranos. Uno de los momentos más fuertes será regresar a las posiciones donde combatieron. Mareco volverá a Monte Javier, donde tenía su posición y donde dejó aquel pozo de zorro y su pertrecho. Según contó, otros veteranos que ya regresaron a las islas les relataron que algunas posiciones permanecen prácticamente intactas y que todavía pueden encontrarse elementos que quedaron allí desde la guerra. Por eso, la expectativa y la ansiedad crecen a medida que se acerca el 20 de noviembre. “No me imagino que en estos próximos días voy a estar allá viviendo eso”, reconoció.
Sabe que volver puede abrir recuerdos que permanecieron guardados durante décadas. “Vamos a cerrar nuestro ciclo, vamos a cerrar alguna herida y seguramente me van a venir a la memoria muchísimas cosas de lo que hemos pasado ahí, que hace 44 años me estaba olvidando”, expresó.

