El comunicado esta firmado por la petrolera británica Rockhopper Exploration, que a su vez reproduce una comunicación de Navitas Petroleum, la petrolera que controla la operación en las Malvinas. "Creemos que los anuncios (de sanciones del presidente Milei) no tendrán efecto en las operaciones en Sea Lyon", sostiene el desafiante texto de la petrolera israelí.
El texto proclama la validez de "las licencias otorgadas por el gobierno de las Islas Fakland, un territorio autodeterminado del Reino Unido, que tiene el pleno respaldo del gobierno del Reino Unido".
Es uno de los puntos políticamente más sensibles de la respuesta: Navitas ubicó explícitamente a Londres detrás del proyecto. Pero el tramo más fuerte del comunicado aparece al final. "La sociedad considera que los recientes acontecimientos no tendrán un efecto material sobre las actividades de desarrollo del proyecto Sea Lion, incluido el cronograma para el desarrollo del yacimiento", afirma el texto, en un ninguneo total a los anuncios de Milei.
En efecto, Sea Lion ya atravesó una instancia decisiva que muchos de los grandes proyectos que Milei busca atraer a la Argentina todavía persiguen: sus socios tomaron la decisión final de inversión y apuntan a obtener el primer lote de petróleo en 2028.
El proyecto contempla una inversión inicial estimada en unos 2.200 millones de dólares. Navitas controla el 65% del proyecto y Rockhopper conserva el 35%. La empresa de Tadmor cotiza en Tel Aviv. El magnate israelí es un jugador muy importante en los negocios de ese país, un dato particularmente incómodo para Milei por la alianza política que construyó con Israel.
Rockhopper, en tanto, cotiza en Londres y fue la compañía que descubrió Sea Lion en 2010. El proyecto, lejos de congelarse, viene acelerándose. El 24 de agosto Navitas anunció la compra de un segundo buque FPSO por aproximadamente 125 millones de dólares para desarrollar nuevas etapas de Sea Lion.
El plan contempla otras 38 perforaciones y podría sumar una capacidad de producción de 125 mil barriles diarios. La reacción de las compañías expone así el límite concreto de la amenaza argentina. Milei prometió aumentar el costo de operar en Malvinas, pero menos de 24 horas después las empresas le contestaron que seguirán adelante y que consideran que Buenos Aires no tiene capacidad para alterar el calendario de la explotación.
La ofensiva, de todos modos, tuvo impacto financiero. Las acciones de Rockhopper cayeron este viernes tras el discurso de Milei y también fueron castigadas otras compañías vinculadas con la exploración de hidrocarburos alrededor de las islas.
El cruce abre ahora una pelea de mayor escala. Argentina considera ilegales las licencias otorgadas unilateralmente en las aguas en disputa y Rockhopper y Navitas ya fueron inhabilitadas para operar en territorio argentino durante veinte años. Las empresas, en cambio, desconocen en los hechos la jurisdicción argentina y se amparan en las licencias otorgadas por los isleños y el respaldo de Londres.
Sea Lion se convierte así en una primera prueba concreta de la nueva estrategia de Milei sobre Malvinas. El Presidente prometió sanciones más duras. Las petroleras recogieron el guante y avisaron que la operación no se detendrá.

