La bandera de Malvinas expuso a un Gobierno Nacional a contramano del sentimiento nacional

La bandera de Malvinas expuso a un Gobierno Nacional a contramano del sentimiento nacional

El Gobierno quedó descolocado por la bandera de los jugadores de la Selección y las declaraciones de Messi. No consiguieron el número para aprobar la ley de extranjerización de tierras y Milei intenta mostrar avances por Malvinas.

La decisión de los jugadores de la selección de exhibir una bandera con la leyenda "Las Malvinas son argentinas" tras el triunfo ante Inglaterra y las declaraciones posteriores de varios de ellos, entre ellos el capitán Lionel Messi, dejaron al gobierno de Javier Milei a la defensiva y desarmaron la estrategia de identificación con el equipo que las usinas comunicacionales del oficialismo habían intentado instalar. El Presidente reaccionó con cautela: habló de un "actuar imprudente" y volvió a sostener que las Malvinas sólo se recuperarán por la vía diplomática. Pero el renovado sentimiento nacional que se expresó en las calles durante los festejos por la clasificación a la final del Mundial también tuvo su correlato político. En la sesión del Senado, el Gobierno no consiguió los aliados necesarios para aprobar la ley que habilita la compra irrestricta de tierras por parte de extranjeros.

Desde el inicio del Mundial, el oficialismo intentó asociar el recorrido de la Scaloneta con el gobierno libertario y promovió la idea de que el kirchnerismo deseaba un fracaso de la Selección. La secuencia de acontecimientos del miércoles terminó por dejar esa estrategia en offside. En primer lugar, por la decisión de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, de oficiar como vocera de la determinación de Estados Unidos y la FIFA de impedir el ingreso de banderas con alusiones a los derechos argentinos sobre las Malvinas, a las que calificó como de "contenido provocativo" o "político". La decisión de los jugadores de ir a buscar una sábana improvisada por un hincha con la leyenda reivindicativa pareció una respuesta directa a esa postura. En un Gobierno atravesado por las internas, en la Casa Rosada abundaron las críticas a Monteoliva por haber buscado protagonismo en un asunto que, entendían, no le correspondía.

Pero no fue sólo la bandera ni la respuesta implícita a Monteoliva. En las entrevistas posteriores, jugadores como Leandro Paredes y Lisandro "Licha" Martínez insistieron en remarcar que las Malvinas "siempre serán argentinas" y que "no podíamos fallarle al pueblo argentino". Quien terminó de desarmar el relato que el oficialismo buscaba construir fue Messi: "Los Mundiales son especiales y nos olvidamos de todo lo mal que nos toca pasar: hay gente que la pasa mal, que no tiene trabajo o no llega a fin de mes, que la vive peleando". Para el Gobierno, que había intentado incorporar al capitán de la Selección a su universo simbólico, fue otro golpe político difícil de absorber. Mientras las calles de todo el país se colmaban de gente cantando "el que no salta es un inglés", el canciller Pablo Quirno apuró un comunicado para informar que dos días antes había presentado una protesta por la incursión, ocurrida la semana anterior, de un buque británico en aguas bajo jurisdicción argentina.

"No hay que caer en eslóganes berretas, populistas y rancios", reaccionó Milei. Su destinataria principal era la vicepresidenta Victoria Villarruel, que el día anterior al partido había calificado al equipo inglés como "piratas usurpadores". Pero, por extensión, el mensaje alcanzaba a todos los que habían reivindicado el reclamo de soberanía, incluidos los jugadores de la Selección, a quienes el oficialismo había defendido y buscado identificar con su proyecto hasta el día anterior. El Presidente insistió en que las islas se recuperarán con una "diplomacia sabia" y no con "gestos de patrioterismo barato y berreta". Sin embargo, esa posición terminó por aislarlo aún más del clima que dominó el pospartido, con la bandera exhibida por los campeones ocupando las tapas de diarios de todo el mundo y el reclamo del gobierno británico a las autoridades de la FIFA para que los sancione.

Donde el clima social sí tuvo un impacto inmediato fue en la sesión del Senado convocada para tratar los pliegos de jueces y la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que elimina las restricciones a la compra de tierras por parte de extranjeros. Varios senadores libertarios llegaron al recinto con camisetas de la Selección, lo que dio pie a que desde la bancada de Unión por la Patria les remarcaran la contradicción de impulsar una iniciativa que, según sostuvo el formoseño José Mayans, implicaba "un daño muy grande a la soberanía de nuestro país". A medida que avanzaba el debate, el oficialismo comenzó a comprobar que ya no contaba con los aliados necesarios para aprobar el proyecto. Finalmente, la jefa del bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, se vio obligada a pedir un cuarto intermedio hasta el 6 de agosto.

Complicado por el impacto que tuvo la polémica, Milei se vio obligado a exhibir supuestos avances en el reclamo por las Malvinas, una causa en la que la Cancillería venía limitándose a cumplir con las formalidades mientras procuraba preservar el acercamiento con el Reino Unido. Quedó en evidencia con la protesta por la incursión del buque HMS Medway, que, de no haber mediado el partido ante Inglaterra, nunca hubiera trascendido públicamente. El Presidente también se hizo eco de una publicación de La Derecha Diario que reproducía un mensaje del poco conocido Marc Zell, presidente del Partido Republicano en Israel, quien afirmó haberle pedido a Donald Trump que reconsiderara la política estadounidense respecto al archipiélago. "Mientras algunos se dedican a hacer berrinches propios de un adolescente termo mononeural, nosotros por la vía diplomática cada día estamos más cerca de la recuperación de las Islas Malvinas", escribió Milei.

Más tarde, desde el canal paraoficialista La Nación+ aseguraron que existían gestiones activas con Trump, pero también -llamativamente- con China para que ambos respaldaran el reclamo argentino sobre las islas. La versión sorprendió porque el gobierno de Milei nunca logró construir un vínculo fluido con Beijing, que, además, históricamente apoyó la posición argentina sobre la base del principio de integridad territorial. Del mismo modo, la diplomacia argentina sostiene desde hace décadas el principio de "una sola China", que reconoce a Taiwán como parte inalienable de su territorio y rechaza cualquier intento de secesión, una posición que Estados Unidos cuestiona. El repentino fervor malvinero que atravesó al oficialismo y a sus principales voceros dio lugar a una inesperada reivindicación de principios de política exterior que nunca habían formado parte de su agenda.

 

Información de El Destape

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