En los últimos dos años se multiplicó 2,5 veces la cantidad de jubilados y jubiladas que volvieron al trabajo, principalmente en el sector informal, porque no les alcanza para vivir el haber correspondiente. La cara oculta de la crisis que el INDEC no computa.
La discusión sobre los indicadores oficiales, que el Gobierno manipula para mostrar “realidades” alternativas con las que convencer a propios del rumbo económico, no se circunscribe a datos de inflación, crecimiento económico y empleo, sino que también subestima lo que sucede dentro del trabajo informal y la realidad de los jubilados y jubiladas. Ese mismo trabajo informal que el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, considera que está mejor remunerado que el formal, pese a que las estadísticas oficiales también lo contradigan (el promedio de ingresos de los informales es la mitad que el de los formales). Dentro de ese universo se destaca un fenómeno creciente en los últimos meses: jubilados y jubiladas a quienes no les alcanza la miseria de haberes que cobran y deben salir a buscar algún 'trabajo alternativo' para sobrevivir.
Dado que por su edad este segmento no es considerado población económicamente activa (se toma en cuenta personas entre 14 y 64 años), tampoco es tomado en cuenta en la medición de desempleo. Pero relevamientos privados dan cuenta de que la cantidad de adultos mayores con trabajos informales se multiplicó 2,5 veces desde que asumió la administración libertaria.
La caída del poder adquisitivo de los haberes y la expansión del empleo precario empujan a cada vez más adultos mayores a reinsertarse en el mercado laboral, lo que estudios privados catalogan como 'desempleo encubierto', distorsionando la medición oficial y exponiendo una presión social más profunda que la que muestran los indicadores tradicionales. La escena se repite con frecuencia creciente y en distintos puntos del país: jubilados que vuelven a manejar un taxi, atienden un kiosco, hacen changas o se suman a trabajos informales de baja carga horaria para completar ingresos que ya no alcanzan. Detrás de esas tristes postales, que se instalaron ya como un paisaje cotidiano, hay una dinámica estructural que los datos oficiales apenas logran captar. En un contexto de inflación persistente –que Milei asegure que está casi controlada— y deterioro del poder adquisitivo de los haberes previsionales, la reaparición de adultos mayores en el mercado laboral deja de ser excepcional y empieza a configurar una tendencia.
Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), elaborado sobre la base de microdatos del INDEC, dio cuenta de este fenómeno con cifras que contradicen la lectura oficial del mercado laboral. Según este estudio, en el tercer trimestre de 2025 la tasa de actividad de las personas mayores de 66 años creció 11 por ciento en términos interanual, en lo que define como una búsqueda de ingresos laborales de carácter 'supervivencial'. El término remite a una inserción laboral que no responde a una elección ni a una prolongación voluntaria de la vida activa, sino a la necesidad de compensar ingresos insuficientes.

