La mugre de unos pocos la pagamos todos: Encontraron colchones y hasta televisores en canales y desagües en la ciudad de Salta

La mugre de unos pocos la pagamos todos: Encontraron colchones y hasta televisores en canales y desagües en la ciudad de Salta

La desidia ciudadana en Salta ha cruzado una frontera difícil de ignorar. Durante las recientes tareas de mantenimiento y limpieza en el sistema de desagües de la capital, las cuadrillas municipales no solo se toparon con el habitual sedimento o restos plásticos; el hallazgo fue mucho más grotesco: televisores viejos, restos de muebles y hasta colchones bloqueando el flujo del agua. Lo que debería ser una infraestructura vital para prevenir inundaciones se ha convertido, por obra de la irresponsabilidad vecinal, en un cementerio de chatarra doméstica.

Este escenario no es fruto del azar, sino de una conducta sistemática de quienes deciden arrojar sus desechos voluminosos al canal más cercano en lugar de utilizar los servicios de recolección correspondientes. Resulta paradójico que los mismos sectores que luego elevan quejas ante el anegamiento de las calles sean, en muchos casos, los responsables directos de obstruir las "arterias" de la ciudad. Un colchón en un desagüe no llega por el viento ni por accidente; llega por una decisión deliberada de alguien que prioriza su comodidad inmediata por sobre el bienestar común y la seguridad de su propio barrio.

El impacto de este "vandalismo ambiental" es doble. Por un lado, el riesgo hídrico es inminente: con los canales taponados por electrodomésticos y basura pesada, cualquier lluvia de intensidad media se transforma en una amenaza de desborde. Por otro lado, existe un costo económico altísimo que terminan pagando todos los contribuyentes. El despliegue de maquinaria pesada y personal especializado para extraer chatarra de los túneles subterráneos drena recursos que podrían destinarse a pavimentación o iluminación, pero que hoy deben quemarse en limpiar lo que nunca debió ser ensuciado.

La municipalidad puede limpiar mil veces, pero si el vecino no deja de usar el canal como un vertedero personal, la batalla está perdida. La conciencia social parece haber quedado atrapada entre los escombros y la mugre. Es hora de entender que el desagüe no es un pozo ciego ni un escondite para lo que ya no sirve; es el seguro de vida de la ciudad frente a las tormentas, y hoy, por culpa de unos pocos, ese seguro está seriamente dañado.

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