Cuando se habla de flamencos, la imagen suele estar asociada a playas tropicales, aguas cálidas y paisajes caribeños. Sin embargo, en los ambientes más extremos de Sudamérica habitan dos especies capaces de soportar condiciones que pocas aves podrían resistir: el flamenco andino y el flamenco puneño, conocidos por los antiguos pueblos andinos como parinas.
Estas aves viven en los humedales altoandinos de Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja , en salares y lagunas ubicados, en muchos casos, a más de 3.000 y hasta 4.000 metros sobre el nivel del mar. Allí deben afrontar temperaturas bajo cero, fuertes vientos, elevada radiación solar y una menor disponibilidad de oxígen
Una forma de alimentarse única
Una de las características más llamativas de estas aves es su particular estrategia para conseguir alimento. Los flamencos filtran el agua y los sedimentos mediante su pico y una estructura especializada que les permite capturar microorganismos y pequeños organismos acuáticos.
En diálogo con InformateSalta, el doctor en Biología Enrique Derlindati explicó que se trata de especies especialmente adaptadas a estos ambientes extremos y destacó la importancia de los humedales para su supervivencia.
Los flamencos encuentran en estos lugares alimento, refugio y sitios adecuados para reproducirse. Cuando las condiciones son favorables, pueden formar enormes colonias reproductivas y construir sus nidos en sectores específicos de lagunas y salares, generalmente alejados y de difícil acceso.
Su mecanismo puede compararse, en cierta medida, con el de las ballenas filtradoras: aprovechan grandes cantidades de organismos pequeños presentes en el ambiente. La diferencia es que los flamencos desarrollan este proceso en lagunas poco profundas y, muchas veces, con elevadas concentraciones de sales y minerales.
Además, su actividad cumple una función dentro del ecosistema. Al alimentarse y desplazarse, remueven y mezclan sedimentos y contribuyen al reciclaje de nutrientes, un proceso conocido como bioturbación. Por este motivo, son considerados verdaderos ingenieros ambientales.
Incluso existen estudios que indican que la forma en que se alimentan puede generar movimientos y vórtices en el agua que favorecen la captura de presas por parte de otras especies. Es decir, la presencia de grandes grupos de flamencos puede tener efectos que van mucho más allá de las propias aves.
Viajan entre humedales
Los flamencos tampoco permanecen necesariamente durante todo el año en un mismo lugar. Durante el invierno, muchos humedales pueden congelarse parcial o totalmente, dificultando el acceso al alimento.
Por eso, parte de las poblaciones se desplaza hacia zonas de menor altitud, como la cuenca de Pozuelos o las Lagunas del Toro, y puede incluso llegar a humedales salinos de provincias como Córdoba y Santa Fe.
Estos movimientos pueden abarcar cientos o incluso miles de kilómetros. Un salar puede ser fundamental para alimentarse durante una determinada época, mientras que otra laguna, ubicada a cientos de kilómetros, puede convertirse en un refugio indispensable durante otra etapa del año.
Comprender esta red de desplazamientos es uno de los grandes desafíos para la conservación de las especies.
El desafío del litio
Los humedales altoandinos enfrentan actualmente múltiples presiones ambientales. Entre ellas aparece la transformación de los hábitats, la contaminación y, especialmente, la expansión de la minería de litio.
En el marco de la transición energética mundial, los salares de los Andes adquirieron un enorme valor estratégico. Pero estos territorios no son espacios vacíos: contienen complejos ecosistemas donde interactúan microorganismos, plantas, invertebrados y aves adaptadas a condiciones extremas.
Una modificación en la disponibilidad o en la dinámica del agua puede alterar toda esa cadena ecológica.
A esto se suma la variabilidad climática. Fenómenos como El Niño y La Niña pueden modificar considerablemente la cantidad y distribución del agua disponible en los salares y lagunas. Si un humedal se seca o cambia su composición química, también pueden verse afectadas las comunidades de organismos que constituyen el alimento de los flamencos.
Una especie que todavía guarda secretos
Pese a su espectacularidad, los flamencos de montaña continúan siendo relativamente desconocidos para gran parte de la población. Incluso la ciencia todavía busca respuestas sobre aspectos fundamentales de su ecología y sobre cuáles son las condiciones necesarias para garantizar su supervivencia a largo plazo.
En Salta, distintos proyectos científicos buscan seguir sus movimientos y comprender cómo utilizan los humedales de la Puna.
El doctor Enrique Derlindati, junto a Clara Farfán, bióloga de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Salta y becaria del CONICET, trabaja en el seguimiento del flamenco andino y del flamenco puneño.
El objetivo es conocer sus movimientos, comportamiento y condición fisiológica para determinar cómo responden a las transformaciones que atraviesan los ambientes altoandinos.
La pregunta que guía esta investigación es tan sencilla como compleja: ¿qué buscan los flamencos y qué necesitan para sobrevivir en un mundo que cambia cada vez más rápido?
Tal vez la respuesta se encuentre en un salar remoto, en una laguna que aparece y desaparece con las lluvias o en el largo viaje de un flamenco entre humedales separados por cientos de kilómetros.
Conocer esos movimientos también significa comprender mejor los Andes y recordar que, detrás de un paisaje que puede parecer vacío, existe una enorme red de vida que depende de que esos ambientes sigan siendo protegidos.
Información de Informate Salta

