La inteligencia artificial ya forma parte de la vida universitaria en Salta. Mientras UCASAL comenzó a incorporarla en procesos de gestión y trabaja en nuevas aplicaciones para acompañar a sus estudiantes, investigadores de la Universidad Nacional de Salta observan que alumnos y docentes avanzan en su utilización mientras todavía se discuten las reglas para garantizar un uso académico adecuado.
El tema fue debatido en Pasaron Cosas por Silvia Álvarez, secretaria general de UCASAL, y Sergio Grabosky, investigador y director del IEM, quienes analizaron qué está cambiando dentro de las universidades a partir de la expansión de estas herramientas.
Álvarez explicó que en UCASAL la inteligencia artificial ya dejó la etapa experimental y comenzó a incorporarse a tareas concretas. La universidad emprendió una transformación digital que incluye el tratamiento y protección de datos, el uso de algoritmos y el desarrollo de agentes de inteligencia artificial destinados a mejorar la gestión y la atención de los alumnos.
“No la vemos como el fin del mundo”, resumió la secretaria general, quien planteó que el desafío consiste en utilizar la tecnología como una herramienta y mantener al estudiante en el centro del proceso educativo.
La dimensión de UCASAL representa, además, un desafío particular: cuenta con más de 40 mil alumnos en todo el país. Álvarez sostuvo que la IA podría permitir una mayor personalización de la enseñanza, incluso detectando dificultades concretas de aprendizaje y ofreciendo herramientas específicas de apoyo a cada estudiante.
Desde la Universidad Nacional de Salta, en tanto, la preocupación pasa también por cómo están utilizando la tecnología alumnos y docentes.
Grabosky explicó que un proyecto de investigación del CIUNSa estudia desde la aparición masiva de la IA cómo cambiaron las prácticas de lectura y escritura. Entre los estudiantes universitarios, señaló, se observa un uso espontáneo de estas herramientas y sin necesariamente contar con conocimientos suficientes sobre integridad académica.
El investigador advirtió que el avance tecnológico obliga ahora a las propias instituciones a establecer criterios. Universidades y centros de investigación, sostuvo, tienen reglas para la producción y circulación del conocimiento y la irrupción de la inteligencia artificial exige actualizar esas normas.
“Hay que pensar, hay que reglamentar”, afirmó Grabosky, al señalar que, sin pautas institucionales, estudiantes y docentes pueden no tener parámetros claros para determinar cuándo el uso de inteligencia artificial es adecuado dentro de una actividad académica.
El debate en las universidades salteñas, entonces, ya no pasa solamente por determinar si la inteligencia artificial debe ingresar a las aulas. Ya ingresó. La discusión ahora es cómo aprovecharla en la enseñanza y la gestión sin perder criterios de integridad académica, protección de datos y responsabilidad en su utilización.

