Los norteamericanos lo castigaron en la última elección de su gestión. Costo de vida, temor a más problemas y guerras sin fin: El combo que detuvo a Trump y mira el Gobierno
George McGill era demócrata. En 1932 ganó la banca para senador por el estado de Kansas, en Estados Unidos. Su partido nunca más lo hizo. Hasta ayer. Adam Hamilton ganó la banca. Pasaron 94 años para que eso sucediera. Donald Trump lo hizo posible. En South Carolina, la última victoria demócrata en una carrera para el Senado por el estado había sido Fritz Hollings en 1998. Ayer volvió a suceder. Historias como estas se repiten en una de las peores elecciones de medio término para un Gobierno estadounidense.
El aumento en el costo de vida. Temor a seguir perdiendo frente a la inflación. Guerras que empiezan y nunca terminan. El miedo a medidas cada vez más punitivas entre inmigrantes. Un combo perfecto y un título que llegó al corazón del votante: “Controlar el Congreso para controlar a Donal Trump”. Pero fue mucho más que eso. Fue un golpe al ego del Presidente. Casi tan alto como los números del combustible de su país. El resultado fue contundente. Por primera vez desde que ejerce el máximo cargo, tendrá a la oposición por encima suyo. El Senado ahora es demócrata. Y la incógnita es saber cómo reaccionará el mandatario ante el avance opositor que buscará poner un freno a los últimos dos años de su gestión. Y tendrá la capacidad de avanzar en investigaciones sobre decisiones que tomó la administración republicana, como por ejemplo quiénes fueron los ganadores del negocio por el petróleo de Venezuela. “Me transformaré en el Señor Veto”, había dicho a la CCN a 24 horas del cierre. En medio del conteo, disparó su furia contra Fox News: “La encuesta de Fox News, que siempre es la peor, resulta sumamente ofensiva por las preguntas que plantea. Cada pregunta es un ataque premeditado, y ante cada respuesta, ¡solo cabe decir: «¡Pura mierda!». Esto lleva ocurriendo años”, escribió Trump en la red Truth Social.
Mientras los primeros resultados aparecían en las pizarras, en la embajada argentina se esforzaban por aclarar algo que repetían en la previa de la elección: “Esto no cambia nada. El mensaje del presidente Javier Milei siempre fue el mismo, incluso antes de la llegada de Trump al poder y es que Argentina tiene que tener una alianza estratégica con los Estados Unidos. Se planteó cuando aún estaba Joe Biden. Y se seguirá planteando”. El evento realizado en el primer piso mezcló a diplomáticos argentinos, entre ellos al embajador Alec Oxenford, y al subsecretario de gestión institucional, Eduardo “Lule” Menem, con legisladores y empresarios. La noticia fue pésima. Para suerte de ellos, el agasajo terminó a las 18, antes de los primeros resultados oficiales.
El lunes, uno de los más de 40 think tank que existen en Washington dialogó con Infobae en estricto off the record. Realizaban un análisis de la consecuencia que podría traer el control opositor sobre ambas Cámaras. La pregunta de este medio fue si podían ofrecer algún ejemplo que repercutiera en Argentina y Latinoamérica. “Bueno, los demócratas podrían activas comisiones investigadoras. Hay dos puntos que pueden servir para entenderlo. Habrá pedidos de información sobre quiénes fueron los ganadores del petróleo venezolano. Y porque no, solicitar más información sobre el financiamiento que Estados Unidos le brindó a la Argentina en 2025”. Fue la senadora demócrata Elizabeth Warren, quien solicitó datos por la ayuda financiera del gobierno de Trump a la Argentina. Reclamó mediante una carta al secretario del Tesoro, Scott Bessent, que cierre la línea de swap por US$20.000 millones con el país, en enero del 2026. En aquel comunicado, pidió acceder a una copia del acuerdo. Si bien ese tipo de inquietudes no tiene el poder para frenar decisiones que pueda tomar Trump en 2027, la intención es poner bajo la mirada pública este tipo de acciones.
De recorrida por Washington, quizás uno de los distritos más demócratas del país, se observó durante toda la noche un clima festivo. A contramano del silencio que hubo dos años atrás cuando Trump arrasó en la elección ejecutiva. “Esto nos vuelve a demostrar que nada es para siempre. Ahora Trump va a tener que escuchar”, dijo eufórico un joven estudiante que pasó esta semana en casa de sus padres para la elección. En algunos pubs clásicos los resultados se siguieron en pantallas por todo el lugar y se festejaba como un gol cada triunfo opositor.

